Al igual que sucede en el buen periodismo, en el terreno de la alimentación también son fundamentales el qué, el cuánto, el cuándo y el cómo. Si quieres beneficiarte de todas las ventajas para tu organismo, productividad, mente y espíritu de comer sano en el trabajo debes atender a una serie de cuestiones, cuidar la planificación y concebir la hora de comer como una experiencia positiva, un placer y un momento de desconexión, no como un simple trámite o una obligación. ¡No somos máquinas!

Veamos qué, cuánto, cuánto y cómo debes comer en la oficina. El porqué ya lo sabes: porque te sentirás mejor, trabajarás de forma más eficiente, garantizarás una mejor salud presente y futura, evitarás la aparición de enfermedades y problemas como el estrés y la ansiedad y experimentarás una sensación de bienestar laboral, propiciando un mejor descanso por las noches.

Qué comer en la oficina

Lo más importante es que la dieta sea variada, equilibrada y completo, huyendo de los preparados industriales, las grasas saturadas, los azúcares refinados, los alimentos ultraprocesados y la comida basura en general.

El experto Óscar Galindo, médico especialista en Medicina del Trabajo y director de Salud Laboral en Unipresalud, compañía especializada en la gestión de la seguridad y la salud de los trabajadores. Recomienda 7 grupos de alimentos esenciales que deben estar presentes en la alimentación semanal de los trabajadores: los cereales, la fruta, la verdura, el pescado, la carne, los frutos secos e incluso el chocolate.

Procura que la comida principal del día tenga fibra, proteínas, carbohidratos complejos, grasas saludables Omega-3, vitaminas y minerales como el calcio, el hierro y el zinc. Por ejemplo, una ensalada con frutos secos, tomate, lechuga y aguacate acompañada de pollo o un salmón a la plancha con guarnición de verduras y fruta de postre acompañados de pan integral serían dos platos recomendables.

La cantidad importa: ¿cuánto debo comer?

La cantidad de comida diaria depende del aporte calórico, de tus características físicas como la edad, la altura y el peso y de la actividad llevada a cabo a lo largo de la jornada. Ya que este cálculo es totalmente individual: te prestamos un consejo muy sencillo: no te quedes con hambre pero tampoco te empaches.

La primera opción te puede provocar apatía, fatiga, falta de concentración, debilidad, mareo o irritabilidad, mientras que la segunda puede repercutir en dolores estomacales, somnolencia, acidez, diarrea o flatulencias.

Una gran idea para controlar lo que comes es redactar a diario un diario de alimentos.

Cómo hay que comer en el trabajo

En cuanto al cómo, debe ser despacio. Siéntate en un espacio fresco, cómodo, luminoso, tranquilo y sin ruido, mejor acompañado y dedicándole un rato a comer, además de masticar los alimentos de forma apropiada y bastantes veces.

No debes comer de pie, ni en tu escritorio de trabajo, ni corriendo ni mientras desempeñas ninguna actividad laboral. Debes concebir este momento como una oportunidad única de relajación y socialización, poniendo en práctica la alimentación consciente y disfrutando con todos los sentidos de la comida para maximizar los beneficios de la misma.

Cuál es el mejor momento para comer

Lo fundamental no es el momento exacto, que dependerá de tu turno de trabajo, contrato y tipo de jornada laboral. Si eres funcionario, seguramente comas en casa. Si trabajas en un colegio, posiblemente al finalizar las clases o en el turno de comedor. Si tu horario es flexible o tu jornada partida, aprovecharás dichas circunstancias.

Lo fundamental es no dejar pasar muchas horas con respecto a la anterior y practicar cinco comidas al día: desayuno, tentempié a media mañana, comida, merienda y cena.

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