Si la pizza, que no es más que una masa de pan con tomate y queso hecha al horno, conquistó hasta los últimos confines del mundo, ¿podría una humilde cebolla asada triunfar más allá de nuestras fronteras?

Si bien es un misterio el porqué del éxito de algunos platos, creemos que el calsot a la brasa reúne algunos elementos que podrían convertirlo en una nueva estrella de la gastronomía española en el mundo. Veamos por qué. El calsot se obtiene a partir de bulbos de cebolla replantados y “calzados” con tierra.  En nuestro huerto ecológico los plantamos finales del verano.

  

A medida que el bulbo de cebolla brota se va “calzando” –cubriendo- con tierra. La planta como cualquier vegetal, se “estira” buscando la luz del sol y así crece una cebolla blanca y alargada, parecida a un puerro, que se cosecha durante el invierno. Este sistema de cultivo se conoce desde la época de los romanos. Y seguramente en aquellos tiempos ya se asaban a la brasa. En algunas zonas de la provincia de Tarragona a mediados del pasado siglo veinte, es decir hace relativamente poco tiempo, se afianzó la costumbre de hacer reuniones de amigos en torno al fuego de sarmientos para asar los calsots a la llama viva y comerlos remojados en salsa romesco. Son las divertidas calsotadas. Los calsots repartidos por la parrilla y lamidos por las llamas del fuego de sarmientos, quedan ennegrecidos, requemados por fuera. Las capas exteriores carbonizadas protegen un sabroso tesoro, el tierno y jugoso interior de la cebolla. Retirar las capas quemadas con las manos que se ensucian y ennegrecen, remojar el calsot en la salsa e inclinar la cabeza hacia arriba para introducir el calsot en la boca tiene algo de juego infantil y de rito tribal y primario. Ensuciarnos -los baberos para proteger la ropa son preceptivos-, juntarse con amigos alrededor del fuego, todo tiene sabor a fiesta antigua.

 

Es una versión lúdica y vegetal de la barbacoa de siempre. Cuando las llamas se consumen se aprovecha la brasa ardiente para asar carne u otros vegetales, en especial alcachofas. Ahora que se suceden las recomendaciones de reducir el consumo de carne y aumentar el de vegetales, el calsot a la brasa acompañado de salsa romesco puede dar nueva vida a la barbacoa. La esencia mediterránea de la salsa romesco, hecha con aceite de oliva, ajo, tomate y almendras, puede contribuir sin duda al éxito del calsot asado, una combinación que reúne el ingrediente clave para el triunfo internacional de cualquier plato: la genialidad de la sencillez.

Puedes pedir nuestras cestas de calsots ecológicos que vienen en atados de 25 o 50 piezas y traen además salsa romesco casera y baberos para que la fiesta sea completa.

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