Las abejas son esenciales para la vida de las plantas. Al volar de flor en flor transportan el polen que permite la reproducción vegetal. Hay también otros insectos polinizadores. Lamentablemente, algunas actividades humanas los ponen en peligro.

Las abejas liban el néctar de las flores y recogen su polen para alimentarse. Las exploradoras salen a buscar flores y vuelven a la colmena para explicar a sus compañeras dónde está la fuente de alimento. Cuando decimos “explicar” no es una metáfora. Utilizan un sofisticado sistema de comunicación para transmitir la dirección y distancia del lugar preciso donde encontrar el polen. Este lenguaje se conoce como “la danza de la abeja”. Consiste en un verdadero baile, con movimientos complejos mientras hacen vibrar su abdomen. Además utilizan el sol como compás para orientarse. Los entomólogos, esos extraños científicos que estudian los insectos, han investigado a fondo este fascinante fenómeno y han contribuido así a comprender mejor los mecanismos de la Naturaleza. La apicultura también se ha beneficiado de estos conocimientos para que disfrutemos de las mejores mieles. Ahora nuestras amigas productoras de miel tienen problemas.

La agricultura de los últimos treinta años en el mundo ha sido resultadista, busca el máximo rendimiento con el mínimo coste de producción sin tener en cuenta otros factores. En este contexto la lucha contra las plagas se basó en buscar insecticidas cada vez más eficaces. Así, aparecieron los neonicotinoides, una familia de insecticidas que daba resultados muy efectivos, dejando las plantas limpias de plagas durante semanas. Pero se fumigaba sin valorar los daños colaterales en el resto de la fauna. Las abejas se ven seriamente afectadas. Innumerables estudios científicos recientes lo demuestran. Cuando las plantas rociadas con esos insecticidas, florecen y las atraen, recogen polen contaminado por el insecticida y se desorientan. No pueden volver a sus colmenas, la danza de las abejas ya no les sirve y su función polinizadora peligra. Le sucede tanto a las abejas melíferas como a las silvestres. Los insecticidas afectan a todos los insectos polinizadores. Y aquí aparece otro problema de lo que hemos llamado la agricultura resultadista. En las fincas se intenta aprovechar cada centímetro cuadrado de suelo para cultivar, eliminando árboles, arbustos y márgenes. Todo se convierte en superficie productiva. Se ara, se siembra y así se eliminan zonas de biodiversidad borrando del mapa el espacio donde vive la fauna autóctona que contribuye al equilibrio natural.

Los polinizadores salvajes sufren y desaparecen: por un lado se les contamina con insecticida y por otro se les quita el hábitat. En la huerta de Disfruta & Verdura nos hemos planteado recuperar esa biodiversidad primero como forma sostenible de luchar contra las plagas, ya que es el hábitat de los depredadores naturales de las plagas. Recuperamos márgenes de los campos, no los aramos, dejamos algún árbol, arbustos y sobre todo sembramos flores. Dicen los expertos que la gama de colores de un campo es un claro reflejo de la biodiversidad que puede haber en él. Nosotros conseguimos una amplia paleta de colores sembrando plantas florales que son refugio de insectos depredadores de plagas y a la vez son polinizadores salvajes. Conviene apuntar que una planta polinizada da mejor fruto y con esta iniciativa estamos logrando combatir las plagas de manera sostenible y a la vez polinizar de manera eficiente y natural. Un efecto positivo que descubrimos fue que dotar de floración a toda la huerta, vuelve a atraer abejas silvestres. Entonces para reforzar su función polinizadora decidimos montarles lo que llamamos “cámpings para abejas”. Se trata de troncos con agujeros donde las abejas se instalan muy a gusto y que ubicamos junto a las plantas que queremos polinizar en ese momento. Cuando la floración de ese cultivo termina, movemos el tronco a otra zona donde las abejas continúan realizando su función sin tener que hacer grandes desplazamientos en busca de flores: están junto a ellas. Realizan su danza pero es breve porque el recorrido que explican también lo es. La sostenibilidad va más allá de la ecología y requiere un cambio de mentalidad importante. Nosotros estamos en ello.

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