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Agricultura ecológica Disfruta y Verdura

Verano en la huerta

La huerta veloz

La Naturaleza manda y cada temporada tiene sus tiempos. Según el momento del año, cambia el clima, cambian los cultivos, cambian las labores del campo y cambian incluso los ritmos de las plantas. En el verano, la huerta coge velocidad.

En esta temporada predominan los cultivos de cucurbitáceas, es decir calabacines, pepinos, calabaza, sandías, melones, así como de solanáceas, tomates, berenjenas, patatas y pimientos. También seguimos con las hortalizas de hoja, lechugas, acelgas, espinacas…La diferencia es que en estos meses de verano, todo sucede más rápido. Más horas de sol y buenas temperaturas aceleran el desarrollo de las plantas y la huerta demanda más atención. Los cultivos se hacen más exigentes en cuanto al riego y piden más agua.

Todo el riego se hace por goteo y para evitar la evaporación durante las largas jornadas de sol y retener la humedad en el suelo, recurrimos al acolchado ecológico. Esta técnica consiste en cubrir la superficie del suelo de cultivo con una capa de papel y de materia vegetal que actúa como la hojarasca en los bosques, evitando la erosión y creando el humus. El manto orgánico que forma el acolchado evita la proliferación de malas hierbas, retiene la humedad y con el tiempo se integra en el suelo enriqueciendo sus nutrientes.

En la agricultura convencional el suelo se acolcha con plásticos, en la huerta ecológica recurrimos al acolchado orgánico porque estamos comprometidos con el objetivo cero plásticos. Otro ejemplo de cómo perseguimos ese objetivo es la manera en que cuidamos las tomateras. Las tomateras necesitan tutores para que el fruto no crezca rastrero y se dañe. En nuestra huerta las encañamos con cañas de los barrancos de los alrededores y las atamos con hojas de retama.

En agosto comenzamos a preparar el suelo y a sembrar lo que cosecharemos en los meses de otoño e invierno. Rotamos los cultivos, es decir, alternamos plantas de diferentes familias y con necesidades nutritivas diferentes en un mismo emplazamiento de la huerta. Así, durante distintos ciclos conseguimos que el suelo no se agote, recupere nutrientes y además evitamos enfermedades de las plantas. En otoño e invierno los tiempos de la huerta son más lentos. Llueve más y ahorramos riego. Con menos horas de insolación y temperaturas a la baja, las plantas tardarán más en desarrollarse.

Ahora en cambio, estamos en tiempo de sol y velocidad vegetal.

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